Mami

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Eduardo acababa de llegar al cielo y era la tercera reunión que mantenía con los jueces del departamento migratorio y cuestiones legales del paraíso. Dios tenía demasiados asuntos pendientes y ese tipo de menesteres los delegaba en un grupo de ángeles muy sabios.

El mismo Eduardo se presentó a las puertas del juzgado reclamando algo que, hasta entonces, nadie había solicitado. Ya habían dicho que no, que lo que pedía no se le podía conceder porque aquello rompía con todas las normas establecidas por Dios desde la creación de la realidad. Sin embargo, no contaban con que el niño fuera tan perseverante. Eduardo no aceptaba un no por respuesta y ahí estaba otra vez, con los brazos cruzados, con la carita luminosa de los inocentes reclamando la posibilidad de lo imposible. A los ángeles se les encogía el alma con su presencia y, no queriendo verlo triste en el cielo, lugar en donde solo se podía ser feliz, pidiendo permiso, se fueron a un salón trasero a conversar y mandaron a llamar a Gabriel, que no solo amaba los niños sino que, en el cielo, nadie sabía de esas criaturas más que él. Cuando Gabriel llegó, el resto de los ángeles lo puso al tanto de la cuestión que se les había presentado y a la cual no le encontraban solución. Gabriel sonrió y los otros ángeles cerraron los ojos espirituales porque la luz que de esa sonrisa se desprendía podía dejar ciego hasta al más santo.

– Hablaré con él- dijo Gabriel y salió de la habitación.

Eduardo esperaba en el mismo lugar, con los brazos cruzados. Gabriel quedó conmovido al sentir la vibración de su alma. De su interior se desprendían ondas como de algodón o de algo más suave y, a la vez, emanaba una energía poderosa, la propia de un ser evolucionado. El famoso arcángel lo tomó de la mano y le pidió que se elevaran juntos hasta una nube hermosísima que se veía cerca, en lo alto. Allí tomaron asiento, uno lado del otro, mientras veían el trajín de los habitantes del cielo.

– Dime, Eduardo. Te escucho.

El niño alzó las cejas. Tendría que decirlo todo de nuevo.

– Quiero estar con mi mami. Mejor dicho, no puedo estar sin mi mami, pero no quiero que se muera -Eduardo tomó un poco de la nube entre sus manos y siguió hablando-. Verá, tengo dos hermanas pequeñas y un papá. Quiero que venga conmigo, pero no quiero que ellos estén sin ella. Esto es el cielo y aquí todo es posible, de modo que no entiendo porqué los jueces se obstinan en decirme que no, que lo que pido no se me puede cumplir.

– A ver si entiendo -dijo Gabriel-. Lo que nos pides es que tu mamá este aquí y no este aquí a la vez.

– Exacto.

Gabriel levantó la mano para tocar a Dios. Entonces dijo:

– No puedo darte lo que pides, pero sí algo parecido para calmar tu pesar. Te advierto, eso sí, que este regalo vendrá con una condición.

El arcángel lo levantó, lo abrazó y, después de acariciar su cabecita, se marchó. Sin que Gabriel lo pronunciara, Eduardo supo que, desde entonces, se podría introducir en los sueños de su madre y compartir con ella todas las noches que le quedaran de vida. Ambos jugarían, hablarían, se harían cosquillas. Eduardo le hablaría del cielo, de sus amigos eternos; la madre de las hermanitas, los primitos, los abuelos, el padre, su caballo, sus perros y sus penas. Sin embargo -porque esa la condición que vino atada al obsequio-, al día siguiente la madre no recordaría nada de lo sucedido. Tendría que pasar el tiempo y ella llegar al cielo para poder recordar que, durante años y más años, estuvo viviendo una vida paralela junto a su hijo Eduardo, pero entre sueños, mientras dormía.

18 thoughts on “Mami

  1. Y verás, que en ocasiones se nos permite recordar con una nitidez y exactitud que nada tiene que envidiar a la realidad.

    • Estos escritos me conmueven tanto…. Me hacen sentir al Eduardo que fue , dulce, alegre, sociable, bello , inocente, todo un Maestro… Hoy un Ángel, un Amigo en el Cielo

  2. Que hermoso Denis! Totalmente conmovida, me pareció estar ahí entre esas conversaciones se Eduardo y los Angeles, estoy totalmente conmovida, me parece incluso verlo sonreir.

  3. El amor de una madre es infinito. El lazo entre madre e hijo es tan fuerte que nada lo puede desatar. Hermosísimo y Real escrito. Un abrazo Dennis y otro grandote para Yari. ❤️😇

  4. Hermosísimos escritos! Dentro de la pena de no tener Eduardo y el gran dolor de su ausencia, estas palabras dejan un sentimiento esperanzador que ayuda a sobrellevar esa infinita pena.

  5. Que hermosos los escritos sobre Eduardo!! Solo le pido a Dios que Yaritza y Kelvin y toda la familia puedan encontrar la paz en medio del dolor.

  6. No conocí a Eduardo en vida.
    Pero tuve la oportunidad de Orar por el.
    Ahora descubro los escritos de Dennis.
    Y reconozco el Amor y el Dolor combinados.
    Pero también reconozco que realmente seguirá aquí con los seres amados y Con los que ahora tenemos la oportunidad de conocerlo.

    Dios los Bendiga a todos.
    Y una fuerte abrazo.
    Gracias Dennis por compartí con todos a este Angelito de Dios.

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