Teatro de máscaras

Should you wear a face mask to prevent COVID-19? Doctors weigh in

En el barrio se enteraron de su desgracia. Todo comenzó con cansancio y fiebre. Cuando ya no pudo respirar, el hombre fue llevado a la sala de emergencias, en donde lo ingresaron luego de confirmar el diagnóstico de COVID-19. Dos semanas después volvió a su casa, demacrado, pálido, delgado, aunque sano, según el personal médico. Allí se entera de que a su esposa le impidieron entrar al colmado por ser la mujer del enfermo; a sus hijos los rechazaron los amigos por temor al contagio. Sus jefes, que están enterados de todo, no saben si integrarlo al trabajo al final de la cuarentena o buscar una excusa para despedirlo. Piensan en el ambiente laboral tenso que tendrán cuando los demás tengan que sentarse a su lado o cruzarse con él en los pasillos. Sus amigos se están preguntando si eso, el coronavirus, se sana de verdad, o si el paciente recuperado sigue viviendo con el virus en su sistema, convirtiéndolo en un propagador de la enfermedad, por lo que lo evitan y no le contestan las llamadas.

Ese señor, al que su comunidad margina porque tiene o tuvo COVID-19, y que podría ser cualquiera de nosotros, se ha convertido en el nuevo paria de la sociedad, desbancando de su pedestal a los enfermos de SIDA, tan despreciados por años hasta por sus familias. Lo que pasará a continuación es algo que también sucedió a los que fueron afectados por el VIH, el ocultamiento. Será consecuencia de lo que ya se va viendo, la gente comenzará a desaparecer por días y nadie sabrá dónde se ha metido, a nadie se dirá que pasó días con fiebre y congestión, porque sólo a un tonto se le ocurría lanzarse a los brazos de la nada, luego de haber padecido tanto mal. Sólo el conocimiento de la verdad y la compasión podrán liberarnos del aborrecible teatro de máscaras que se nos avecina.

 

El año del TOC

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En el 2017 a Vicente Villanueva se le ocurrió lanzar a las pantallas del mundo su película “TOC, TOC”. En ella, varios pacientes con Trastorno Obsesivo Compulsivo se reúnen en la sala de consultas de un terapeuta con la finalidad de tratar su enfermedad. Esta película, del género de la comedia, se une a otras estadounidenses que tratan el trastorno con cara de burla y hace que todos saquemos nuestra mejor carcajada del armario. Es buena, la verdad. Está bien escrita y mejor actuada. El problema, a mi modo de ver, no es de cariz artístico, sino ético; ni siquiera es el trastorno en sí, sino las personas, los seres humanos que lo padecen.

Este año, en el que esta nueva sepa de coronavirus ha provocado una estampida en el mundo, la gente que presumía de sana se ha contagiado, antes que del COVID-19, del TOC, y al hacerlo comienza a experimentar en carne viva el sufrimiento que este trastorno produce, los niveles de ansiedad que inyecta en la sangre.

Una funda que vino del supermercado, una puerta que no se sabe quién tocó, un asfalto en el que alguien pudo escupir, una brisa en el que un enfermo pudo dejar los rastros de una tos… si nos dejamos enfermar con pensamientos irracionales y repetitivos, daremos forma a una y mil obsesiones más, la ansiedad y la compulsión surgirán como respuesta a estas obsesiones y, sin darnos cuenta, estaremos muriendo del TOC, antes que del coronavirus.

Si cuidas tu mente, cuidas tu vida. Vigila tus pensamientos –pero sin obsesión-.

6 retos de adaptación que nos platea el nuevo coronavirus

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Estamos viviendo lo que nunca imaginamos, en el interior de una película de ciencia ficción. En esta cuarentena, los retos que se nos están planteando son numerosos. De sabernos adaptar a tiempo a estos cambios que nos han asaltado de improviso podría depender nuestra salud y nuestra salvación. Algunos de estos desafíos ya los estamos viviendo y otros amenazan con venírsenos encima. Algunos son pasajeros y otros han venido o vendrán para quedarse por siempre.

Los retos adaptativos que nos presenta el COVID-19 no sólo son del tipo inmunológico y fisiológico, sino que ha acarreado, sorpresivamente –al menos para la gran mayoría de nosotros-, una avalancha de pruebas que nos pedirán una rápida adaptación al medio social, económico, político y cultural, con el fin de preservar la vida.

Les planteo una parte de ellos, para que nos preparemos desde ya.

1. Primer reto adaptativo: virtualización del amor.

Este virus ha impuesto un inmediato distanciamiento físico entre los humanos. Gestos culturales y afectivos como abrazarse, besarse y estrecharse las manos podrían escasearse más que la comida enlatada, al menos entre amigos, gente conocida o por conocer; familiares lejanos, compadres o vecinos. Bajar la cabeza se considerará suficiente si la distancia supera el metro, de coronilla a coronilla. Acercarse cuerpo a cuerpo podría ser un castigo más que un placer y, rosarse con alguien en algún pasillo, una pesadilla. Es más, ascensores y pasillos podrían convertirse en espacios inútiles, si son estrechos y hay pasamanos o botones que tocar. La función de las manos podría limitarse a estar guardadas en los bolsillos y, como mucho, asearse la una a la otra. Así es, ya las manos no son para saludar, sino para lavarse compulsivamente dos o tres docenas de veces en el curso de un día. Los gestos de cariño podrían virtualizarse y volverse caritas, emoticones de un mensaje de Whasapp. Este es uno de los retos adaptativos más duros y hay que ver si, de paso, seguimos siendo humanos al no podernos tocar.

2.Segundo reto adaptativo: la ciudad dentro de la casa.

Casi todo el mundo ya ha incorporado, rapidísimo, diría, la idea de que hay que quedarse en casa, de que no se puede salir. Todos los famosos lo están diciendo a gritos, con tal de no colaborar con la propagación del virus. De pronto, las casas, los hogares lo son todo. Son la escuela, la oficina, el campo de fútbol, la cárcel, el juzgado; son la mansión en la colina y el barrio marginal; son hospitales públicos y enfermerías de primeros auxilios; son el gimnasio, la playa, la plaza, la montaña donde hacemos excursión. Lo son todo. Los hogares, sin importar el tamaño, ya son la ciudad. Otro reto que habrá que afrontar.

3.Tercer reto adaptativo: los padres de mil rostros.

Como consecuencia de lo anterior, esos hogares en donde la estructura familiar tradicional prevalece, tendrán que, como sus hogares, serlo todo para sus hijos, ahora más que nunca. Serán padres, médicos, profesores, presidentes, abogados; sacerdotes y monjas; comentaristas deportivos e hinchas. No quedará nada fuera y el trabajo de los padres se multiplicará hasta lo imposible.

4.Cuarto reto adaptativo: trabajar desde la casa, estar desempleado o arriesgarlo todo.

Habrá que hacerlo casi todo desde la casa. Eso si se quiere conservar la salud y tener algún ingreso que le permita subsistir. La gente se volcará a las redes sociales y a las páginas web con tal de virtualizar servicios de todo tipo y venta de cuanta cosa sea posible imaginar. La alternativa a esta opción laboral será la de lanzarse al riesgo permanente de contagio ejerciendo de médicos, enfermeras, mensajeros, masajistas y profesiones similares. Esto llevará a hacer mucho más costosos los servicios en los que se requiera la presencia física y hará que los seguros de salud, de vida y de responsabilidad civil hagan muchos ajustes a sus ofertas y deberes.

5.Quinto reto adaptativo: dar la vida por el banco.

El presente virus amenaza de muerte el dinero en efectivo –la moneda y el billete-. La circulación del dinero en efectivo precisa del movimiento humano y de su paso de una mano a otra para poder realizarse. Estos dos factores, el movimiento de las personas de un lugar a otro, de una tienda a otra, y el hecho de llevar a las manos un billete de desconocida procedencia, posiblemente contaminado, pone en riesgo la existencia futura del dinero en efectivo. Hace años se viene anunciando la desaparición del efectivo, pero hoy se ve mucho más cerca la consecución de dicho objetivo. La desaparición del dinero en efectivo podría acarrear, como consecuencia, un mayor control de los ingresos y los egresos de todos los ciudadanos haciendo fácil de controlar el pago de los impuestos establecidos por la ley. También haría de los bancos unas instituciones mucho más poderosas, si se cuenta con ellas para emitir tarjetas que faciliten las transacciones electrónicas. Habrá que adaptarse, pues, a vivir en un mundo sin monederos, sin cerditos de cerámica, sin baúles de tesoros, sin dinero debajo del colchón. También a un mundo en el que el poder de los bancos y el de gobiernos, a través de sus Rentas, tengan un poder mucho mayor al actual y una influencia mucho más determinante en nuestras vidas.

6.Sexto reto adaptativo: Estar seguros en un mundo de delincuentes.

Esta crisis ya está dejando mucha gente desempleada; gente que no podrá tener la protección indefinida de sus gobernantes, que perderá sus negocios, que no podrá pagar sus compromisos financieros. Las personas que sobreviven con oficios informales son muchas, muchísimas. Los que dependen de los turistas que ya no vienen, los que viven del transporte hecho para personas que ya no quieren o no pueden viajar, quebrarán. En Puerto Plata, por ejemplo, quizás sólo el sector hotelero en su conjunto tiene contratadas más personas que el motoconcho, pues son unos miles. Parte de esta gente anda dando vueltas en la calle sin encontrar a quién llevar. Se ha puesto de moda, en los últimos días, dar consejos y prestar ayuda de diverso tipo a través de distintas plataformas virtuales. Esto, sin embargo, tendrá que cobrarse en algún momento. Los psicólogos, los médicos, se verán obligados a organizarse para brindar una ayuda por la cual tendrán que cobrar. Pero volviendo atrás, el desempleo prolongado llevará mucha gente a los límites de la desesperación y podrían aumentar los casos de robos y muertes violentas, colocando al resto de la población en una posición defensiva y temerosa.

En conclusión, preservar la salud será cuestión de saber adaptarse a tiempo. Será necesario responder acertadamente a las nuevas preguntas que nos plantea la vida a través del COVID-19: buscar un lugar para los gestos de amor que se esfuman, saber administrar un hogar que ahora se convierte en todo lo que ofrece un pueblo, encontrar un medio de producción que podamos llevar desde nuestras casas; seguir siendo padres, cuando los hijos nos exigen serlo todo, más que nunca; aprender a vivir con un poco menos de libertad y seguridad, sin dejar de ser felices.

Palabras que protegen del coronavirus

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La década de los 80 del siglo pasado parece estar compuesta por diez años completamente banales, si nos dejamos llevar por lo que aparece en las redes sociales. Es la década de la música Pop, de Madonna y Michael Jackson; de Rambo y Depredador. Eso es sólo en la superficie. Como sucede siempre, lo dicho por el Principito carece fecha de caducidad y, lo esencial, sigue siendo invisible porque sólo lo ve el corazón.

En esa década un modesto cirujano de la Universidad de Yale sufría la comezón de una curiosidad, ¿por qué algunos pacientes terminales de cáncer se recuperaban por completo? ¿Cómo era posible que algunas personas dadas por muertas volvieran a la vida sin ningún rastro de la enfermedad que los había llevado a la sala de cirugías?

Este cirujano, Bernie Siegel, recopiló todos los casos publicados de curaciones similares y las estudió a fondo. Más adelante, luego de algunos años de investigación, publicó un libro en el que detallaba los resultados de su búsqueda al que tituló “Love, medicine, and Miracles”. En este texto el cirujano propone lo que, a mi parecer, es una de las ideas más poderosas para combatir cualquier virus como el coronavirus, cualquier trastorno, cualquier malestar físico o psicológico. Y esta es la idea que resume el trabajo de Siegel: no existen enfermedades incurables, sólo pacientes que sí lo son.

Siegel llegó a esta conclusión, como dijimos, luego de estudiar cientos de casos de personas que se curaban de enfermedades “mortales”. Enfermedades asesinas no las hay, sólo personas pesimistas que se lo creen, porque el modelo de paciente que se recuperaba era, a todas luces, uno que jamás perdió ni la fe, ni la esperanza, ni el optimismo.

Mantengamos, pues, nuestro corazón en paz; dejemos que navegue en aguas calmas; que apoye su descanso en la confianza absoluta de que siempre, pero siempre, el bien triunfará.

El COVID-19 no tiene buen humor

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En el año 1976, un analista político y editor de nombre Norman Cousins publicó un artículo en una revista de prestigio científico internacional, la New England Journal of Medicine. En este artículo, el señor Cousins comunicó la manera en que pudo sobrevivir a una enfermedad incurable. Los médicos le dieron 1 posibilidad de entre 500 de curarse, sin embargo, Cousins logró sanar completamente. ¿Adivine cómo? Pues, riéndose.

Cousins dedicó unas importantes horas de su día a ver películas de chistes y pudo calcular que, ver diez minutos de este género cinematográfico, le proporcionaba dos horas de sueño profundo sin sentir dolor.

Los científicos supusieron que el cambio de humor en el señor Cousins logró cambiar la química interna de su organismo, logrando que sanara por completo. Si esto es así, estamos ante una de las medicinas preventivas y curativas más poderosas y de fácil acceso para todos. No puede ser de otra manera. Una persona amargada, de mal genio y semblante; una persona de pocos amigos bloquea lo bueno que puede producir su organismo, mientras que aquel que ríe y sabe divertirse, le dice a su cuerpo que todo está de maravilla y el cuerpo se lo cree.

El COVID-19 puede no tener buen humor, pero nosotros sí podemos cambiar el nuestro para bien. Al reírnos, al contarnos cosas que nos muevan las tripas y las mandíbulas, activamos una respuesta positiva y optimista en todo nuestro ser.

La apuesta por la felicidad no debe tener condiciones. La enfermedad que se tiene o la que pudiera venir no son un obstáculo, si nos lo proponemos, para reír un poco más. El mal se va, cuando el mal se aproxima con una sonrisa.

Durante la cuarentena, si vas a ver algún programa, que te haga reír, y verás todo lo bueno que la risa te aportará.

12 recomendaciones para mantener tu salud mental en tiempos del COVID-19

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Últimamente, debido al rápido avance del COVID-19 en muchos países, las redes sociales se han visto inundadas por un sinnúmero de recomendaciones para protegernos del contagio, especialmente las relacionadas con la higiene personal y la de nuestros hogares. Poco se escucha, sin embargo, de la higiene mental, que tiene igual importancia en los tiempos que corren, porque es bien sabido que una mente envenenada por el miedo y la ansiedad, no solo abre el camino a cualquier tipo de enfermedad, ya que deteriora el sistema inmune y la autoconfianza, sino que cierra el de la salud, si se la pierde.

He aquí una serie de recomendaciones para mantener la higiene mental durante los próximos días:

Redes sociales. Lo primero es mantener la vigilancia sobre lo que nos llega a través de las redes sociales. Es evidente que nos seguirán llegando noticias desalentadoras, videos de personas enfermas o recuperándose. Es importantísimo alejar esas imágenes de nosotros porque no nos aportan ninguna otra cosa que no sea preocupación. Ya sabemos que el virus es peligroso, que lleva a la enfermedad y a la posible muerte, no es necesario seguir alimentando el fuego del miedo con más rostros expresando dolor.

Trabajar. Durante la cuarentena, sigamos ocupados, trabajemos en nuestros proyectos, ideemos nuevas formas de llevar a cabo el próximo paso con ilusión.

Compartir. Durante la cuarentena, provoquemos momentos de compartir especiales y memorables con nuestros familiares. Lean juntos, mucho. Entre todos, pongan en orden el hogar. Hagan un karaoke. Vean una película comiendo palomitas. Dibujen. Usen los juegos de mesa y apuesten abrazos.

Emociones. Vigilen las emociones que van experimentando. Las más frecuentes serán:

Miedo. Miedo cuando vemos noticias desconcertantes, cuando se nos acaba la comida, cuando alguien nos toce cerca. El miedo querrá aplastarnos más que cualquier virus.

Ansiedad. La ansiedad provocará síntomas que, incluso, se confundirán con los del CONVID-19. Presión en el pecho, sensación de ahogo.

Ira. Notará que sentirá rabia por cosas nimias, asuntos sin importancia.

Para lidiar con todas esas emociones deberá, en primer lugar, estar presente, consciente. En segundo lugar, no luchar contra ellas, sino asumirlas y aceptarlas, porque están ahí por algo, y algo bueno. En tercer lugar, deberá aprender, si aún no lo sabe, a callar su mente y evitar todo tipo mensaje desalentador. En cuarto, detenerse y respirar profundamente. En quinto, razonar, hacerse preguntas, como las siguientes: ¿es lógico que me altere de esta manera? ¿Es verdad lo que acabo de escuchar, es de fuente segura, me hace algún bien esta información?

Ejercicio. Busque la manera de llevar oxígeno a su sangre. No importa el espacio con el que cuente, alguna actividad física puede hacer. No se limite pensando que si no tiene tal o cual herramienta con la que cuenta en el gimnasio, no podrá hacer nada. Usted sabe que eso es mentira y que con sólo hacer zancadillas, abdominales y pechadas, está haciendo bastante por su salud mental y física.

Meditación. Lo que hace la meditación en nuestros cuerpos está muy estudiado a día de hoy y todo lo que dicen los estudios es maravilloso. La meditación produce salud en todos los niveles. Este será un buen momento para comenzar a hacerlo. Busque videos instructivos en YouTube, lea libros al respecto y comience a meditar de a poco, alimentando lo bueno, los mensajes de bien y esperanza.

Grupos de apoyo. Quédese en la red social y en el grupo que le dé verdadero apoyo y aléjese de esos en los que sólo se transmite miedo y desesperanza, en especial si, a fin de cuentas, se contagia de la enfermedad.

Diario o blog. Comience un diario o un blog, o dele continuidad a uno que ya tiene. Titúlelo, por ejemplo, Diario de Cuarentena, y comience a escribir todo lo que va viviendo durante las próximas semanas.

Espiritualidad. Acérquese a Dios, si cree en él; al Espíritu Universal, si es su preferencia. No importa la denominación de su fe, recupérela y hágala crecer. La fe, la confianza en algo superior y bueno, reconforta en tiempos como estos.

Aprendizaje. Aprenda algo nuevo o siga aprendiendo eso que ya comenzó y tiene abandonado. Un idioma o un hobby, vuelva a ellos y dedíquele unos minutos al día, porque dispondrá de suficiente tiempo en estos días de cuarentena.

Buen humor. Las personas que tienen buen sentido del humor suelen ganar en los asuntos de salud. El humor nos fortalece, nos llena de buena vibra, de energía saludable que se contagia con facilidad. Algo con nombre raro, como el de neurotransmisores, que son un conjunto de sustancias químicas que liberan nuestras células, se desplaza por nuestro torrente sanguíneo. Hay más de cien, lo que hace de nuestro cuerpo uno de los laboratorios más fecundos del planeta, si no el que más. Pues bien, cuando nos reímos, nuestro cuerpo libera un número largo de sustancias que nos hacen más felices y saludables que aquel que anda amargado y quejándose de todo. Si vamos a ver alguna película, que sea una que nos haga reír, ahora más que nunca. El buen humor no lo podemos confundir con el arrebato trágico de burlarnos de los demás, de hacer del virus que ahora nos azota una excusa para dañar. Buen humor y mala educación son cosas muy distintas. Mientras el buen humor hace que nos fijemos en nosotros para no tomarnos tan en serio, el mal educado busca defectos en los demás o en su sufrimiento para catapultar una ofensa.

No hacer nada. Así es. Este un tiempo perfecto para abandonar agendas, para desprendernos del yugo del hacer, del estrés, de la adicción enfermiza al plan delineado por horas, por lo que pueden relativizarse muchas de las recomendaciones dadas más arriba. Vamos a relajarnos y ya. Sembrarnos como plantas a ver el sol y a beber su calor. Simplemente estar. Simplemente ser. Eso es suficiente por ahora. La compulsión por el hacer es tan preocupante como el virus, pero estamos acostumbrados, como inmunizados y no la cuestionamos. Una nueva preocupación sacude las mentes mucha gente: Y ahora, ¿qué hago? ¿Cómo voy a entretener a mis hijos? ¿Qué haré con esposa o esposo? Nos cargamos con tantas preocupaciones…, como si no nos bastaran los motivos que la vida sola nos trae. Siéntase orgulloso cuando, al salir de esta cuarentena, si alguien le pregunta qué hizo y cuánto hizo, usted pueda responder que nada, que estar quieto como una foto y ser feliz.

Sin más, por el momento, les deseo lo mejor, salud y felicidad plenas.