Canallas

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Tanto hijo de puta que se codea con otro hijo de puta. Tanto canalla. Tanta gente que sale a la calle con el expreso propósito de salar la vida de los demás. Tanta mierda con saco y corbata, perfumada hasta el colmo para ocultar su podredumbre. Tanto gusano que habla bonito de sí mismo y se toma fotos con niños harapientos para subirlas a sus redes sociales. Tanta crápula que, para colmo de males, posee genes de inmortalidad y a los setenta u ochenta todavía anda jodiendo por joder. Ese parásito no se muere tan fácil. El que se muere es un niño de seis años que ni siquiera los gritos de su madre pueden despertar.

La última canción de Eduardo

Un día antes, mi hermana llamó. Me dijo que la doctora le había recomendado colocarle música a Eduardo con un audífono. Dijo que eso serviría para estimularlo positivamente y accedí a llevarle un pequeño reproductor de música que estaba cargado con todos géneros musicales existentes. Ya en la clínica, con la enfermera esperando, no sabíamos que melodía colocar en sus oídos, así que seleccionamos casi por impulso el último ritmo terrenal que escucharon sus oídos. Fue la guitarra de Ottmar Liebert.

Volver a ser hombre

Sorrow

Tenía la felpa en la mano y aún no se decidía. Pero tampoco es que tuviera deseos de irse del cubículo con tanta prisa. Si no fuera porque la cola era larga y la gente que esperaba fuera ya comenzaban a maldecirlo, hubiera alargado el momento unos cuantos días. Sí, se sentía persona, un hombre, alguien importante. Debajo, en sus manos, lo que habían eran caricaturas de hombres. Él era real.

En la boleta, varios rostros sonreían, felices. Todos parecían hombres ricos, poderosos, poseedores del lujo de tener tres comidas y dos meriendas servidas por sus mayordomos sin tener que ensuciarse las manos. Pero él era real, allí, en ese momento en el que no lo abandonaba esa sensación de gloria.

Finalmente, porque alguien abrió la cortina y lo insultó, se decidió por marcar un rostro cualquiera pero, en el intento, se detuvo. En lugar de signar con una cruz la sonrisa del candidato a la presidencia, el viejo escribió, en todo lo ancho del papel, pasando por encima de varias caras la tinta negra del marcador, un enorme “hijos de putas”. Dobló el papel, lo entró en la urna y salió cabizbajo, a ser nadie, otra vez, por cuatro años más, si la muerte no lo doblegaba en el camino.

Verdes y azules

Abstract illustration of medieval battle.

Verdes y azules decidieron entrar en guerra para disminuir el número de personas de cada lado. Querían matar y hacerse sufrir. Hubo muchas batallas y, en la que pudo ser la última de todas, fue tanta la sangre que se derramó que quedaron todos rojos y, no pudiendo distinguirse el color de los combatientes, hubo que detener la contienda. Se miraron con las armas en las manos y nadie supo qué hacer.

Era medio día aún. El sol se mostraba afilado, más hiriente que cualquier cuchillo. Por su causa cuando todos empezaban a dar la espalda, la sangre, que es agua roja, comenzó a secarse. Entonces, rápido, demasiado rápido, los verdes se volvieron anaranjados y, los azules, morados. Al caer en la cuenta del cambio de color, la masa de combatientes apretó dientes y armas. Gritos bélicos se escucharon en el fondo y la gente volvió a matarse, con la misma sed de antes.

Todavía hoy esa gente sale a quitarse la vida estúpidamente mientras el sol, en lo alto, se ríe, amarillo.

Una estrella es una mano que hace sombras

starfish

Una estrella es una mano que hace sombras, sombras con picos o dedos que asustan. Pero, ¿quién quiere una mano más si, cuando estamos acompañados, no sabemos qué hacer con las dos que tenemos? Nos llaman por el parlante, la gente aplaude, nos colocamos detrás del micrófono, tocemos, saludamos, sonreímos, hacemos un chiste que algunos celebran. Todo bien mientras la boca escupa palabras detrás de las cuales se ocultan las manos, esas aristas con las que no sabemos qué hacer, porque las manos, lamentablemente, sólo sirven para hacer sombras, sombras que asustan.

Lo comprado

He aquí otras paradojas comunes en el hombre de hoy: sentirse eufórico en el momento previo a realizar una compra y, miserable, momentos después; disfrutar la acción de adquirir un bien y, segundos más tarde, despreciar el bien adquirido que, de imprescindible, pasa a ser un estorbo.

Negro

Ahora también resulta que hay viernes negros y que, en los mismos, los precios con los que el comercio marca sus productos, se desploman. Al parecer, según esas leyes que rigen esa cueva platónica a la que llaman mercado, nada desea tanto el ser humano como adquirir los bienes que anhela al menor precio posible. Eso lo desea más que ser feliz porque, vamos, todo el mundo lo sabe, la felicidad es consecuencia directa de la posesión de lo deseado, cuando lo que era ajeno se convierte en mío, porque si no, ¿cómo pudiéramos explicar que toda esa gente ande detrás de tantas cosas como las que hoy se producen y con esa vehemencia propia de los que temen por su vida? ¿O habrá tanta gente estúpida y tan fácil de manipular por los medios y esos habilidosos titiriteros publicistas? Díganme, ¿en qué se ha convertido el ser humano que ha oscurecido un viernes del año y sale en masa a cargar objetos tras la espalda como hormigas granos de arroz? Algún experimento de esos secretos tuvo éxito y se descubrió cómo devolver al hombre a etapas preracionales de su desarrollo. Alguien que me lo explique mejor.

Mal y bien

Gran parte de la literatura actual, en especial esa tildada de “bestselller”, parece escrita por una sola persona. En lugar de fraguarse un espacio por la consecución de un estilo y una buena trama, hay una tendencia a copiar un patrón mil veces utilizado en las series policiales norteamericanas.

Los jóvenes que siguen estos esquemas tienden aferrarse a esa idea divulgada entre los círculos literarios y editoriales de que es el tiempo del verbo, de la acción, de la sangre. En cuanto a la ética, todo es bien o mal, hay un bueno y un malo; en términos políticos, debe evitarse cualquier afirmación que cuestione el sistema imperante. El presidente está, su gabinete reina y nadie se pregunta si debiera haber presidente y lameculos que le dicen un sí a todo lo que salga de su boca.

No somos mejores que nadie, pero no pensamos seguir el juego del mariapalito, el de mimetizarnos en el tronco para evitar la muerte, el acecho del depredador. Todos lo sabemos, en cuestiones literarias la muerte es un bien y la redundancia un…, la redundancia un…, la redundancia un…

Inmigración

La inmigración ilegal es un asunto que pocas naciones han sabido resolver sin recurrir a la violencia. La portada de la revista Newsweek de la semana así lo atestigua. Es una pena que el mundo
de la tecnología esté creciendo como un globo inflado por los vientos más poderosos mientras nosotros, los humanos, mengüamos de estatura y nos hacemos cada vez más pequeños. Al paso que vamos, mudaremos de especie y llegaremos a microbios.

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Créditos

El día de hoy los medios cantan la buena nueva de que el gobierno a mediado para que la banca otorgue más créditos a la producción agrícola. Si antes los vegetales que veíamos en el plato del mediodía estaban allí gracias a que unos campesinos se levantaban temprano y muy poco más, ahora hay que contar con la intervención de los banqueros. Los bancos apuestan a ganar siempre. Para eso existen. Esa ganancia de los bancos la veremos más adelante en la clorofila de la lechuga que nos comamos, tintineando. El precio de la comida, si interviene el señor sonriente del saco y la corbata, nunca bajará.

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